Tuesday 3 de July de 2007

El síndrome del Burnout: Quemarse por el trabajo ( I )

1. INTRODUCCIÓN.
La salud en el trabajo y la previsión de riesgos laborales no afecta exclusivamente al ámbito de los accidentes y las enfermedades físicas. Las nuevas realidades laborales ponen a prueba los procesos adaptativos del individuo, que se siente desbordado hasta el punto de derrumbarse en su equilibrio físico y psicológico, y que están generando otras enfermedades y desadaptaciones (más silentes), poniendo en jaque la salud de las personas del nuevo milenio. Nos referimos a las enfermedades psicolaborales, que son frecuente noticia en los medios de comunicación con estadísticas alarmantes, y que se convierten en tema de debate político de Estados o de conferencias internacionales sobre salud y riesgos laborales, generando sentencias en los tribunales de justicia, etc. De esta manera, las legislaciones europeas están admitiendo como enfermedades o accidentes psicolaborales, cuadros psicopatológicos como, et “estrés laboral”, la “depresión laboral”, el “mobbing, o el “síndrome de estar quemado” en el trabajo (o “burnout”), etc.
Como señala E López Barón (2002),
“Desde hace unos años vienen dictándose sentencias fundamentadas en litigios provocados por cuestiones de tipo psicolaboral. Antes de la Ley de PRL (1995), las sentencias no incluían términos técnicos en dicho sentido, pero a partir de dicha ley, existen en las sentencias un surgimiento de cuadros psicopatológicos laborales; por ejemplo, cuadros relacionados con el desgaste psíquico que produce el ejercicio de determinadas actividades profesionales. Dichos padecimientos, novedosamente, empiezan a ser considerados por vez primera como consecuencias de situaciones laborales concretas”.
En este sentido, podríamos citar una sentencia (Sentencia de 2-11-1999, nº 2662/01999. Recurso de Suplicación nº 1320/1999 de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco) en la que se considera el síndrome de burnout como una patología de origen laboral, estableciendo una relación causa-efecto entre la dolencia psíquica de un trabajador como jefe de taller de trabajadores minusválidos y las condiciones laborales.

Así Pues, una de estas nuevas patologías laborales relacionadas con el desgaste psíquico es al “síndrome de burnout”, también conocido por el “síndrome de estar quemado”, incluso “síndrome de Tomas”; ésta última acepción está basada en el protagonista de la novela de del director checo Kundera “La insoportable levedad del ser”, donde Tomas aparece como un individuo que ha perdido su autoestima, con su actitud que evidencia desánimo, tedio en la labor diaria y ausencia de expectativas de mejoría.
El síndrome de estar quemado o el burnout es un estado de agotamiento físico, emocional y mental, causado por involucrarse en situaciones emocionalmente demandantes, durante un tiempo prolongado.
Existen sectores profesionales más vulnerables de padecer este síndrome, sobre todo en aquellas profesiones que se centran en la prestación de servicios y en las que se está en contacto directo con las personas a las que se destinan esos servicios. Es el caso, por ejemplo, dé los profesionales sanitarios, de la educación, trabajadores sociales, policías, bomberos, etc.
En la interrelación y en la demanda de ayuda que caracteriza a estas profesiones se dan situaciones estresantes como es el contacto directo con el sufrimiento humano, la enfermedad, el dolor o la muerte, el trato con usuarios problemáticos, etc.
La profesión y el trabajo, producen satisfacción, autorrealización e identidad cuando comportan crecimiento personal, y sobre todo, cuando se encuentra en el trabajo un sentido vital biográfico y de identidad; sin embargo, pueden generar también desilusión, apatía y frustración si el trabajo es interpretado como intrascendente, pasajero y distante de las metas propuestas (muchas veces la frustración aparece precisamente a causa de unas metas idealizadas no alcanzables).
Por otra parte, muchos profesionales se desbordan ante las presiones exteriores a las que se ven sometidos (las demandas), el empeoramiento de las condiciones laborales y salariales, los horarios excesivos y los cambios de tumo, la falta de expectativas, las carencias de recursos materiales y humanos indispensables para un correcto ejercicio de la actividad laboral, el aumento de exigencias por parte de la organización o las instituciones. Un ejemplo de ello, es el tener que hacer frente a responsabilidades que superan lo que se define como rol profesional asumible (un ascenso, por ejemplo, supone un reconocimiento en la carrera profesional, pero ello conlleva otros aspectos de responsabilidad que no siempre resultan fáciles de asumir), etc.

Como veremos más adelante, el burnout es un cuadro o polisintomático, de intensidad variable y de carácter evolutivo, “una experiencia subjetiva interna que agrupa sentimientos y actitudes, y que tiene un cariz negativo para el sujeto, dado que implica alteraciones, problemas y disfunciones psicofisiológicas con consecuencias nocivas para la persona y para la organización”3
2. DEMARCACIÓN CONCEPTUAL DEL “S�?NDROME DE QUEMARSE” (BURNOUT). 2.1. Descripción inicial del síndrome y primera denominación.
La denominación “quemarse en el trabajo” es una trascripción de la palabra “burnout”, término coloquial que describía los efectos psicológicos relacionados con el abuso crónico de drogas.
Freudenberg (1974) fue el primero en conceptualizar el síndrome de estar quemado en el ámbito del trabajo y aludió al término “burnout” para referirse al proceso de deterioro en los cuidados y atención profesional a los usuarios de las organizaciones de servicios (voluntariado, organizaciones sanitarias, de servicios sociales, educativas, etc.)
No obstante, es a partir de la publicación del trabajo de Maslach y Fines (1977), cuando el término de burnout adquiere el sentido psicológico que existe actualmente, como el sentimiento de estar quemado en el trabajo experimentado, como hemos dicho anteriormente, por personas cuya profesión se basa en la relación con otras personas (médicos, maestros, funcionarios de prisiones, policías, trabajadores sociales, etc.).
2.2. Síndrome de “quemarse” como estrés del trabajo “de relación”.
Los trabajos de Maslach y sus colaboradores generaron, sobre todo a partir de los años ochenta, una importante producción bibliográfica, a causa de la preocupación y el fuerte impacto psico-socio-económico que comenzaba a generar dicho trastorno.
Para Peiró (1992): “actualmente resulta necesario considerar los aspectos de bienestar y salud laboral a la hora de evaluar la eficacia de una determinada organización, pues la calidad de vida laboral y el estado de salud física y mental que conlleva tiene repercusiones sobre la organización (vg. absentismo, rotación, disminución de la productividad, disminución de la calidad , etc.) Así mismo, y dado que la mayor incidencia del síndrome de quemarse por el trabajo se da en profesionales que prestan una función asistencia! o social, el deterioro de su calidad de vida laboral también conlleva repercusiones sobre la sociedad en general”
Aunque existen diversas definiciones sobre el síndrome de burnout, la más aceptada es la que recogen Maslach y Jackspn (1981) en su escala MBI (Maslach Burnout Inventory): “una repuesta al estrés laboral crónico integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja (actitudes de despersonalización) y hacia el propio rol profesional (falta de realización personal en el trabajo), así como la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado”, situación a la que estarían expuestas aquellas personas cuyos trabajos tienen como característica esencial la exposición a situaciones sociales “cargadas” emocionalmente”

Aunque el síndrome de quemarse por el trabajo, afecta a los individuos “en cualquier tipo de actividad, es especialmente relevante en el caso de los profesionales de servicios de ayuda por su frecuencia, intensidad, y consecuencias para los usuarios y para los profesionales” (Gil-Monte y Peiró, 1977:18), como es el caso de médicos, profesores, enfermeros, policías, entrenadores de mandos, trabajadores sociales, etc. Por tanto, lo específico del síndrome de burnout es que hace referencia a una patología de la influencia interactiva o de interacción de ayuda.
Este síndrome comenzó a estudiarse entre los profesionales sanitarios (médicos de atención primaria y sobre todo, en el ámbito de la enfermería, trasladándose después la atención a otros ámbitos, como el del profesorado de enseñanzas medias.

Junto a la aplicación de la técnica y de los conocimientos en el cuidado físico del paciente, la utilización de recursos personales es, sin duda, fundamental a la hora de prestar ayuda’ y alivio al sufrimiento psicosomático del enfermo y de los familiares (ansiedad, estrés, incertidumbre, etc.). Esta “implicación” activa y personal de los profesionales de la enfermería con la enfermedad (no soló somática, también con la ansiedad de los pacientes, los familiares, etc.) genera “estrés”, “sobrecarga” emocional, y por tanto, riesgo de padecer el síndrome de “estar quemado”, con repercusiones en su propia salud y en el ejercicio de la profesión, tal y como queda recogido en numerosos trabajos.
Es precisamente, la dificultad psicológica para abordar esta dimensión personal en la interacción con el paciente, la que se constituye en uno de los factores más estresantes en el ejercicio de la enfermería y más relacionados con el síndrome de “estar quemado” en el trabajo.
Los estudios sobre la salud mental de los médicos de atención primaria constatan, así mismo, la existencia de trastornos relacionados con el ejercicio de la profesión. Así por ejemplo, algunos estudios estiman que la prevalencia de estar quemado por el trabajo en profesionales de atención primaria supera el 40% (Alance, 1997; De Pablo y Suberviola, 1998; Cebrià y cols. 2001), aludiéndose a factores de personalidad, y sobre todo, a las características de la organización (política de personal de la empresa, clima organizacional y relaciones laborales)
Ser enseñante se ha convertido en una de las profesiones de mayor riesgo psicopatológico, tal y como reflejan los datos sobre absentismo y baja laboral entre los profesionales de la enseñanza. Según las estadísticas, la depresión y el estrés aparecen como la segunda causa por baja laboral entre el profesorado.
La salud laboral entre los profesionales de la docencia es, por tanto, una realidad preocupante. Muchas veces se trata de trastornos encubiertos, que no siempre se relacionan con el trabajo, y que terminan por afectar tanto a la salud psicofísica del profesorado, como al ejercicio profesional y a la calidad de la enseñanza.
El síndrome de burnout va asociado muchas veces a otros problemas, como “la falta de valoración social de su trabajo (apoyo social), la falta de medios, tiempo y recursos (apoyo material) para el desempeño de sus tareas; a esto hay que añadir la dureza del trabajo docente (alumnos conflictivos, exceso de responsabilidad) la incertidumbre ante la Reforma de la Enseñanza, a lo que se unen el reconocimiento de sus propias carencias sobre su formación y adaptación a los nuevos retos profesionales. Reconocen también que la relación con sus superiores tiene un carácter burocrático, muy ligada al control/sanción, y poco vinculada al trabajo docente. Acusan el excesivo papeleo y su escasa participación en la resolución de sus problemas laborales o profesionales, así como, las conflictivas relaciones con padres y compañeros” (Cordeiro, J.A. y cols. 2000).

Podríamos decir, que el profesor se ha convertido en meramente “instructor”, en transmisor cultural de conocimientos homologados de los que más tarde examinará a los alumnos, pero su imagen ya no es la de una figura de prestigio en la comunidad, ha pasado a ser un colectivo abnegado, voluntarioso, pero también “quemado” (se habla, en este sentido de la “neurosis de la tiza”), por un trabajo que le agota emocional y físicamente, en el que no puede realizarse profesionalmente (está sujeto a programas y a presiones internas y externas), y que además ha sido devaluado socialmente (bajos salarios, pérdida de autoridad) y familiarmente (el hijo es el que tiene razón ante cualquier conflicto), lo que le lleva hacia actitudes de crítica negativa hacia sí mismo y. hacia los alumnos.

Además la existencia de factores vinculados al trastorno de estar quemado, autores como Esteve (1984) llaman la atención sobre el hecho de que algunos profesores llegan a la docencia con problemas dé personalidad, por lo que proponen una selección psicológica entre los aspirantes a profesores.

El profesor, además de contar con herramientas técnicas, sabe que su persona es la principal herramienta de trabajo, por lo que junto a su formación técnica y científica, su formación personal y equilibrio emocional deberían ocupar un lugar prioritario. Como bien lo expresa Cordié, en la actual enseñanza: “reina una pedagogía didáctica: el docente afina su saber sobre sus métodos pero no sobre sí mismo�?

En general, se insiste sobre la acción negativa que ejercen determinadas fuentes de estrés en la aparición de trastornos como el burnout, por ejemplo, sin embargo, pocas veces se alude a factores personales y emocionales. La actividad docente es fundamentalmente interactiva, por lo que podemos considerarlo como un colectivo de “alto riesgo” cuando los profesionales no disponen de habilidades y destrezas sociales (E. Rubio, 1995), y sobre todo, no poseen estabilidad emocional y personal.
“De la misma manera que en el ‘análisis didáctico’ un psicoanalista busca conocimientos, pero sobre todo, madurez y autocontrol para garantizar la relación contratransferencial, el maestro debe alcanzar una madurez psíquica que le convierta en una persona emocionalmente estable, capaz de suscitar apoyo y confianza (…) del mismo modo que en el ejercicio terapéutico debe garantizarse la salud mental-emocional del psicólogo, los docentes deberían ser personas emocionalmente maduras y estables, con buen autoconcepto y autosatisfacción y, claro está, con un nivel suficiente de conocimientos”
En este sentido, se insiste en el hecho de que la formación de los nuevos profesores “debería contemplar no sólo la mejora de los conocimientos científicos, técnicos y profesionales, sino también todo lo relativo a aspectos humanos y sociales” (Rubio, 1995: 255), en definitiva, sería positivo abordar en profundidad la dimensión humana y personal del profesor de cara a favorecer la salud laboral del docente y conseguir eficacia en el desempeño de su trabajo.

Autora del artículo: I. Badillo Leon

Segunda parte del artículo

Xavier Oñate Pujol
Psicologo en Barcelona
www.xavieronate.com

Respuestas

Gracias por este artículo tant interesante. Me ayuda para comprender mi situación personal actual per culpa del trabajo.
Estoy segura que lo mío es sólo algo temporal.
Un abrazo

Me está sucediendo que en un año han aumentado mis responsabilidades en el trabajo y no mis condiciones sociales y retributivas. He pasado de tener 2 responsabilidades a 4. Incluso una de dichas responsabilidades, en otras empresas supondría un puesto de trabajo único, pues a la vez lleva aparejada numerosas responsabilidades.

Me estan desgastando. Mis compañeros de la misma categoría no las tienen y algunos cobran más que yo. Mi pregunta es, ¿podría renunciar a las nuevas responsabilidades no reconocidas?

Muchas gracias.

Naturalmente que podría renunciar a las nuevas responsabilidades no reconocidas, pero… ¿qué consecuencias (piense también en las positivas) tendrá para usted?

Si la empresa para la que ofrece su tiempo y conocimientos es honrada, le sugeriría que pidiera el reconocimiento de esas responsabilidades, siempre y cuando usted las quiera y pueda asumir, y le compense con el debido aumento salarial y reconocimiento profesional.

Si, en cambio, es una empresa que se aprovecha de los trabajadores que no saben decir “no”, o bien no le interesan esas nuevas responsabilidades independientemente de un aumento del salario, le sugeriría poner el asunto sobre la mesa de sus superiores y renunciar al “privilegio” de asumir responsabilidades sin nada a cambio.

Buena suerte

Xavier Oñate Pujol
Psicólogos Barcelona

Es un artículo muy interesante.
Hace un mes que no tengo trabajo, lo deje xq sabía que si continuaba alli acabaría mal (una intuición que hacía mucho tiempo que me rondaba). Ahora estoy empezando a ver que puede que sufriese este sindrome y que mi intución fuese cierta. En esta situación te agradecería me recomendases bibliografia (no técnica) al respecto teniendo en cuenta que no pertenzco al grupo “típico” (médico, profesor..)
Muchas gracias

Hay libros divulgativos muy buenos sobre el tema. Por recomendarte uno, el siguiente:

AUTOESTIMA, ESTRES Y TRABAJO.
de DOLAN, SIMON L.
MCGRAW-HILL / INTERAMERICANA DE ESPAÑA, S.A.

Un saludo

Hola soy estudiante de enfermeria y estoy haciendo un estudio sobre el sindrome de burnout en profesores referente a la calidad de vida me gustaria que me recomendara algunos libros que contengan información del tema

Pueden servirte las referencias bibliográficas que incluyo en el siguiente enlace, pulsando aquí
Saludos

Soy psicóloga y tengo 25 años de trabajar para una institución de protección a la niñez en riesgo social única en el país. Casi por 20 años trabajé en la atención de familias que agreden a los niños, niñas y adolescentes y llegué un momento en que ni pude regresar a trabajar después de unas vacaciones, fue cuando fui a tx y hasta la fecha me están tratando por depresión, pero no he logrado estabilidad emocinoal ni laboral, porque a pesar de que fui reubicada de funciones en atención de las adopciones, lo cual es más gratificante que las funciones anteriores, sigo sintiendo la misma frustración, temor al fracaso, baja autoestima y muchas cosa más que coinciden con los síntomas del Burnout. Podría indicarme si es posible que esté presentando este Síndrome, es esto irreversible, qué opciones tengo para continuar trabajando con eficiencia, si aún no lo he logrado en casi 10 años?

Apreciada Elisabeth,
efectivamente los síntomas coinciden con el síndrome, aunque puede que tengan su origen más atrás en el tiempo.

Por supuesto que el síndrome es reversible, siempre y cuando el trabajo personal esté dirigido también a aprender a poner distancia una vez las sesiones han terminado, desvincularse y no identificarse con los problemas ajenos.

Plantéese si cambiando totalmente de profesión recuperaría la ilusión y la eficiencia laboral. Si la respuesta es no, el problema no está en el trabajo.

10 años son muchos. Valore si hay otros factores en su vida actual que no le permiten encontrarse a sí misma y experimentar la felicidad en el día a día.

Le deseo todo lo mejor.
Atentamente,

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