Recientemente, un anuncio de televisión utilizó superficialmente la pirámide de Maslow para vender un automóvil. Basándonos en el el libro “Parlem d’Autoestima”, de Joaquim Campos, comentaremos con un poco más de profundidad el trabajo de Abraham Maslow.
Este psicólogo nos abrió nuevas perspectivas haciéndonos fijar en las personas que disfrutaban de una loable salud mental, así como también en las causas de sus estados saludables. Nació, entonces, la psicología llamada Humanista. Él se preguntó: “¿Donde está la psicología que dedique la misma atención a vivencias tales como el amor, la compasión, la alegría, el optimismo o el bienestar que al odio, el sufrimiento, la tristeza, la culpabilidad o el conflicto?”.
Maslow empezó, pues, por interesarse más en las personas sanas que en las enfermas; porque, según su opinión, la psicología había dedicado demasiados esfuerzos al estudio de las limitaciones humanas y demasiado pocos al estudio de sus puntos fuertes y posibilidades.
Se trataba de redimensionar el ser humano dentro de las ciencias de la conducta, dejando claros los perfiles y el sentido de lo que podía ser una vida humana plena, a la que todos estamos llamados. Después de analizar numerosos casos de individuos sanos y que se encontraban en un loable proceso de crecimiento personal, ofreció a modo de paradigma los quince rasgos básicos que, de una manera aleatoria constituyen el perfil de los que luchan en la búsqueda de la realización y el sentido. He aquí, simplificadamente, la lista:
- Orientación realista.
- Aceptación de la realidad de los otros y personal.
- Espontaneidad
- Capacidad para distinguir entre los problemas y la realidad personal.
- Búsqueda de espacios para el silencio y la reflexión.
- Carácter autónomo e independiente, a pesar del rechazo o la no aceptación por parte de los demás.
- Capacidad de sorpresa y apertura a los dones de la vida.
- Apertura a experiencias espirituales.
- Profundo sentido de solidaridad con toda la humanidad.
- Aptitud para establecer relaciones profundas y significativas dentro de su espacio afectivo.
- Aprecio de los valores de los individuos, al margen de sus condiciones sociales, religiosas o ideológicas.
- Afinado sentido ético que infunde carácter a sus actuaciones.
- Saludable sentido del humor.
- Creatividad.
- Inconformidad ante la cultura dominante.
Este perfil se nos ofrece casi como un programa de vida, un seguido de actitudes y estados de ánimo propios de una humanidad potenciada que se debe contemplar al horizonte de nuestras metas.
Xavier Oñate Pujol
Psicólogo en Barcelona
www.xavieronate.com
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