Elementos del burnout
Desde el modelo psicosocial, Maslach y Jackson (1981), identifican tres elementos en el proceso de estar quemado”:
a) Agotamiento emocional (emotional exhaustion), en la que el individuo comienza a sentirse sobrepasado por las tareas que tiene que realizar en su trabajo, percibiendo un cansancio físico y psicológico, que habitualmente es referido como la sensación de no ser capaz de hacer nada por las personas que tiene en frente y de estar completamente saturado.
b) Despersonalización, que se caracteriza fundamentalmente por un distanciamiento emocional de las personas con las que se trata habitualmente en el trabajo y por un cierto cinismo, de manera que se tiende a dosificar a los pacientes / alumnos, manteniendo la distancia, o tendiendo a etiquetarlos de forma negativa. Aunque un cierto grado de distancia puede ser necesario e incluso beneficioso cuando se trata con situaciones estresantes y de emergencia, demasiada separación puede generar en el individuo actitudes negativas hacia el cliente.
c) Por último y considerado desde un punto de vista opuesto (en la medida en que cuanto menor sea esta medida mayor cantidad de burnout), se encuentra el logro personal (personal accomplishment), que hace referencia a la percepción de eficacia en el trabajo, a la atribución de que lo que se está haciendo está sirviendo para algo positivo y a una percepción de uno mismo con energía, capaz de crear un buen ambiente de trabajo, etc.”
Perspectiva clínica y psico-laboral.
Aunque el síndrome de estar quemado por el trabajo aparece en un contexto clínico (de orientación psicoanalítica, principalmente, y encabezado por Freudenberger), llama la atención que la mayor parte de las investigaciones sobre el tema han sido realizadas desde la Psicología Social y la Psicología de las Organizaciones (Gil-Monte y Peiró, 1997).
“Aunque han aparecido estudios que han mostrado el burnout desde la perspectiva clínica (generalmente de orientación psicoanalítica), parece claro que la mayoría de estudios son orientados más desde la Psicología Social y Psicología de las Organizaciones. Por otra parte existen muchos estudios que describen el proceso de burnout desde un punto de vista teórico más basados en la descripción de correlaciones y muy pocos estudios longitudinales de tipo experimental que tengan como objetivo la intervención o la comparación de eficacia en intervenciones, o incluso para probar los modelos conceptuales… De manera que gracias a la cantidad ingente de información que tenemos nos encontramos con una visión amplia de lo que sucede a un conjunto de personas de la población que trabaja en la relación de ayuda, pero nos falta una visión más clara, O enfocada a tener una comprensión de lo que sucede a un individuo observándole desde una perspectiva clínica que nos permita disponer de recursos suficientes pare poder llevar a cabo programas de tratamiento”
Para Gil-Monte y Peiró (1997), desde la formulación clínica el burnout se define como un estado derivado del estrés laboral, mientras que la consideración psicosocial hace referencia a un proceso resultante de la interacción de variables del entorno laboral y personales. En el primer caso, se alude a una serie de síntomas y sentimientos asociados al estrés laboral, y en el segundo caso, se hace referencia a una serie de fases, con diferentes sintomatologías asociadas.
Alarcón, Vaz y Guisado, señalan al respecto que: “En nuestra opinión esta distinción no es acertada en cuanto que entiende la clínica desde un punto de vista de la psicopatología clásica, en la que una serie de características conductuales son etiquetadas en un momento temporal concreto, sin tener en cuenta que la perspectiva clínica de carácter científico considera cualquier problema de conducta como un proceso en el que están involucradas variables antecedentes y consecuentes, que es, según los autores, la definición de la perspectiva psicosocial. Para nosotros la distinción real debería ser hecha exclusivamente en términos de considerar el estrés como proceso o como estado (…) Desde nuestro punto de vista el burnout puede considerarse como un tipo de respuesta de estrés laboral, más que como una consecuencia”.
Por nuestra parte consideramos que todo trastorno psicológico, incluido el burnout, ha de definirse tanto como “estado psicológico” (que puede identificarse a través de una constelación de síntomas y signos), como un “proceso psicológico”(que tiene un inicio prodrómico, un desarrollo, una intensidad y una resolución); donde el individuo no es una “hoja en blanco” que reacciona “automáticamente” a los llamados “estresores” en términos de éste o aquel conjunto de síntomas, o en el que intervienen éste o aquel conjunto de variables.
En esa interacción yo-mundo que caracteriza al hombre, una situación (por ejemplo, las demandas de ayuda y seguridad del paciente al psicólogo, de cuidados y protección del enfermo al médico, etc.) es reinterpretada desde la biografía particular e individual, desde la personalidad, incluso desde la vulnerabilidad del individuo a la hora de afrontar determinadas situaciones. Por tanto, el impacto situacional (en este caso laboral) hay que entenderlo desde el propio individuo, y desde la interacción con su mundo( en este caso laboral-relacional), sea cual sea la posición teórica asumida. Una profunda comprensión del problema de “estar quemado”, va más allá de la mera descripción de síntomas, de fases, o de análisis de correlaciónales.
a) Desde la perspectiva clínica, Preudenberguer (1974) se refiere al síndrome de quemarse en el trabajo como una especie de “agotamiento emocional” (acompañado de síntomas físicos y mentales: sensación de cansancio y fatiga, catarro crónico, jaquecas frecuentes, alteraciones gastrointestinales, insomnio, alteraciones respiratorias, irritabilidad, tendencia a la frustración, dificultad para reprimir las emociones, omnipotencia y suspicacia, entre otros), “decepción” y pér dida de interés por la actividad laboral” entre las personas que trabajan en contacto directo con otras personas, durante un tiempo prolongando. La búsqueda de expectativas inalcanzables sería un factor importante a tener en cuenta en la aparición de este síndrome (Freudenberguer, 1975).
Otros autores han abordado el burnout también desde el enfoque clínico, conceptualizán-dolo como un estado caracterizado por fatiga emocional, física y mental, sentimientos de impotencia e inutilidad, sensaciones de sentirse atrapado, pérdida de entusiasmo por el trabajo y por la vida en general, además de baja autoestima (Fines y Aroson, 1988); siendo el resultado de un trauma narcisista que deriva en una disminución de la autoestima. (Fischer, 1983)
b) Dentro de este enfoque psicosocial encontramos trabajos como los de Golembiewski y cols. (1983), Leiter (1988, 1992), Scháufeli y Dierendonck (1993), Oil-Monte (1994), Gil-Monte, Peiró y Valcárcel (1995) o Gil-Monte y Peiró (1997).
Gil-Monte y Peiró (1997) consideran el síndrome de burnout como una respuesta al estrés laboral crónico, que aparece cuando el individuo utiliza estrategias de afrontamiento inapropia-das.
“El burnout es concebido como un proceso de estrés laboral específico de las personas que trabajan en la relación de ayuda, de manera que se produce una interacción entre las demandas que genera las distintas situaciones (naturaleza del medio) y los recursos disponibles del sujeto (características del sujeto). Si las demandas (evaluación amenazante de las mismas) excede a los recursos se producirá la respuesta de estrés y viceversa.”
Partiendo de los modelos de estrés laboral (Peiró y Salvador, 1993), donde el estrés es concebido como “un desequilibrio sustancial percibido entre las demandas del medio o de la propia persona y la capacidad de respuesta del individuo”20, Gil-Monte y Peiró (1997) elaboran un modelo integrador del síndrome de quemarse por el trabajo dentro del proceso de estrés laboral. En este modelo, el síndrome de quemarse por el trabajo se comporta como variable mediadora entre el estrés percibido y las consecuencias del estrés.
Ante la presencia de estresores laborales (discrepancia entre demandas y recursos), el individuo activa una serie de estrategias dirigidas al afrontamiento tanto del estrés percibido, como de los mismos estresores (cada día ha de enfrentarse en el trabajo con similares problemas). Cuando estas estrategias de afrontamiento no son adecuadas, se generan sentimientos de fracaso o baja realización personal en el trabajo y agotamiento emocional, así como actitudes de despersonalización, que actúan a modo de afrontamiento defensivo, lo cual va contra la “ética” profesional, sobre todo, cuando nos referimos a las profesiones donde el “objeto” y el “objetivo” son las personas, con un sufrimiento vital, con una demanda de formación, etc.
Otra cosa, es la necesidad de la no implicación personal y cierto grado de “distanciamien-to” (control contratrasfe’rencial) del problema por parte del profesional (tal y como ocurre en la práctica psicoterapéutica, o en la práctica médica), que evite el atrapamiento angustioso en el problema del demandante y permita al profesional dar una repuesta eficaz, tanto desde el punto de vista técnico como de seguridad emocional.
El síndrome de burnout y su relación con otros trastornos.
La conceptualización del burnout requiere diferenciar claramente este síndrome respecto de otros cuadros psicopatológicos con los que pueden existir confusiones (tedio, depresión, alienación, ansiedad, estrés, etc.). Por nuestra parte, nos referiremos a depresión y estrés.
Diferencias del burnout con la depresión.
La confusión entre depresión y burnout deriva del hecho de compartir algunas manifestaciones sintomáticas como cansancio, inhibición o sentimientos de fracaso, además del agotamiento emocional. Sin embargo, son cuadros distintos.
Leiter y Durup (1994) se refieren al síndrome de estar quemado por el trabajo como un constructo que surge en el marco de las relaciones interpersonales y organizacionales, mientras que la depresión es un conjunto de emociones y cogniciones que afectan a las relaciones interpersonales. Por otra parte, consideran la depresión como un trastorno más global, que afecta a la vida del individuo en su totalidad, reservando el concepto de burnout para el contexto laboral, sin necesidad de que afecte necesariamente a otros ámbitos.
No resulta extraño, sin embargo, la aparición de un trastorno depresivo (reactivo) acompañando al síndrome de estar quemado por el trabajo.
Diferencias del burnout con el estrés.
Sin embargo, es el concepto de estrés el que mayores confusiones crea con el de burnout, sobre todo, el de estrés laboral. La misma definición de estrés ha sido controvertida y se ha definido como respuesta, como estímulo y como interacción (Merín y cols. 1995).
Para algunos autores (�?lvarez y Fernández, 1991b; Pines, 1988; Gil-Monte y Peiró, 1997), la distinción fundamental entre ambos conceptos reside en que mientras el estrés puede ser experimentado por todo el mundo, el burnout se da básicamente en aquellas personas con un contexto laboral concreto de motivaciones, expectativas y objetivos elevados.
Rodríguez-Marín (1995), puntualiza que “el síndrome de quemarse por el trabajo no debe identificarse con estrés psicológico, sino que debe ser entendido como una repuesta a fuentes de estrés crónico que surgen de las relaciones sociales entre proveedores de los servicios y receptores de los mismos. Es un tipo particular de mecanismo de afrontamiento y autoprotección frente al estrés generado en la relación profesional-cliente, y en la relación profesional-organización”
Por su parte Gil-Monte y Peiró (1997) consideran que: “Todos los autores están de acuerdo en considerar el síndrome de quemarse como una repuesta al estrés laboral y calificarlo como una forma de tensión, entendiendo por tensión aquellos cambios psicológicos y conductuales del estrés sobre la persona y que son el resultado de la acción de uno o varios estresores. Se trata de una respuesta a corto o medio plazo, en relación a las consecuencias que a más largo plazo tiene el estrés crónico sobre las personas”.
No obstante, el aspecto que mejor diferencia el burnout del estrés laboral es el que el síndrome de “estar quemado” tiene lugar en el proceso de interrelación entre personas: es una repuesta de estrés laboral que se da en personas que trabajan con otras personas, en la relación de ayuda, tal y como aludíamos en la definición inicial.
Autora del artículo: I. Badillo Leon
Tercera parte del artículo
Xavier Oñate Pujol
Psicologo en Barcelona
Escrito por: admin
