Millones de personas de todo el mundo toman antidepresivos, sobretodo de los llamados de nueva generación. Medicamentos como el Prozac (que contiene fluoxetina como principio activo) o el Seroxat (paroxetina) se encuentran con relativa frecuencia en los botiquines de los hogares catalanes para tratar cuadros depresivos. Sin embargo, diversos estudios científicos han puesto en duda últimamente la eficacia de estos fármacos. El último, publicado en el número de febrero de la prestigiosa revista Public Library of Sciences (PLoS), concluye que los antidepresivos de nueva generación sólo son efectivos para los casos más graves de depresión, mientras que el resto de pacientes no van más allá del efecto placebo.
El trabajo, coordinado por el profesor Irving Kirsh, del departamento de Psicología de la Universidad de Hull (Reino Unido), es fruto de la colaboración con científicos norte-americanos y canadienses, que han revisado y analizado datos de 47 estudios clínicos hechos con 4 antidepresivos: Prozac, Seroxat, Effexor (venlafaxina) i Serzone (nefazodone).
Los resultados de algunos de estos estudios no los hicieron públicos en su momento los laboratorios (la mayoría de veces porque no demostraban suficiente eficacia), motivo por el cual en muchos casos se trata de datos inéditos.
Comparando toda la información, los científicos comprobaron que el efecto de los antidepresivos era muy similar al obtenido en pacientes a los que sólo se administraba placebo. La única excepción se observaba en pacientes com depresión grave, según Kirsch. Y no porque los antidepresivos funcionasen mejor en estos casos, sino porque el placebo funcionaba peor.
“Dados estos resultados, parece que no hay demasiados motivos para recetar antidepresivos excepto en los casos de depresiones más severas”, concluye Kirsch.
Los laboratorios han reaccionado inmediatamente. Un portavoz de Eli Lilly, fabricante de Prozac, ha defensado que una “experimentación médica y científica en profundidad ya demostró que la fluoxetina es un antidepresivo eficaz”. Por otro lado, GlaxoSmithKline (Seroxat) alegó que el trabajo sólo tiene en cuenta una parte de los datos sobre el fármaco.
Desde su lanzamiento, el año 1988, unos 40 millones de personas han tomado Prozac. La patente caducó en 2001, pero Lilly ha ganado miles de millones de dólares por su venda. El doctor Joan Ramon Laporte, director de la Fundació Institut Català de Farmacologia, vinculado a la UAB, denuncia que los laboratorios fabricantes de estos antidepresivos han escondido los resultados que no les beneficiaban. “es una falta de ética muy grave”. Con todo, curiosamente, investigaciones como la que hoy nos ocupa, sólo se hacen cuando las patentes han caducado.
Artículo original en lengua catalana. Autora: Marta Ciércoles. Diari Avui
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