¿Podrían compartir vida (concretamente matrimonio) un psicópata integrado y una perversa narcisista de forma que desde fuera pareciese una familia ideal? ¿Es una combinación imposible o se podría dar?

Resultaría fácil responder que dos personas de estas características no pegarían ni con cola. Estaríamos ante dos individuos con un gran sentido de autoimportancia, exigencia de ser reconocidos como superiores, pretenciosos, mentirosos, crueles, explotadores en sus relaciones, faltos de empatía… todo esto haría de la relación una bomba de relojería. El problema radicaría en que se produciría una lucha constante de egos que imposibilitaría una relación saludable.

Aún así, y a partir de la información que aporta la persona que consulta, veremos que ese «no rotundo» se debe matizar: Si hacen un pacto tácito de no agresión entre ellos, y encuentran «víctimas» fuera de su núcleo familiar, la relación puede sostenerse. Del mismo modo, si los beneficios egoicos que obtienen de la relación superan (ni que sea subjetivamente) los costes, la relación también puede ser susceptible de mantenerse, como veremos a continuación:

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Esta publicación tiene 6 comentarios

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  1. Conozco un caso de cerca entre una psicópata integrada y un narcisista (no perverso).
    Llevan un año de relación y parece que «se entienden».

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